La desigualdad en el acceso a internet marca el ritmo del desarrollo global. En un contexto en el que el 67% de la población mundial ya está conectada, la brecha digital es ya una desigualdad estructural en los países con menos recursos. En África Subsahariana, por ejemplo, solo el 39% de la población tiene acceso a la red, la tasa más baja del mundo. En el conjunto de los países de ingresos bajos, la conectividad apenas alcanza el 26%, frente a más del 90% en los países de renta alta, según datos del Banco Mundial.
Estas cifras esconden realidades muy desiguales dentro de un mismo territorio. En el África Occidental conviven ciudades como Dakar, que avanzan en la expansión de redes móviles, con amplias zonas rurales donde las tasas de uso de internet no superan el 30%. A ello se suman limitaciones estructurales como la falta de electricidad y el elevado coste de la conectividad. Ante este escenario, algunos gobiernos han impulsado planes de digitalización, como “Gambia One”, aunque la falta de infraestructura sigue limitando su impacto en las zonas rurales, situaciones que se dan también en países como Senegal, Madagascar o Namibia.
En este contexto, algunas empresas tecnológicas han optado por trabajar directamente sobre el terreno, alejándose de modelos asistencialistas y apostando por soluciones adaptadas a cada comunidad. Es el caso de la compañía española i3e, que lleva años desarrollando proyectos de cooperación tecnológica y ya han marcado la diferencia en centros educativos y comunitarios de países como Gambia, Senegal, Madagascar o Namibia, a partir de la identificación de necesidades reales en cada entorno.
La tecnología, una herramienta para construir un futuro mejor
“No se trata solo de donar ordenadores, sino de generar oportunidades”, explica Francisco García, CEO de i3e, quien añade: “Si ofrecemos herramientas y formación, las personas pueden desarrollar su talento y acceder a un mercado global”. Este enfoque se materializa en proyectos como los desarrollados en Gambia, donde, en colaboración con entidades locales y ONGs como Advance4Africa, i3e ha equipado aulas informáticas en escuelas como la MBM Academy. Las actuaciones incluyen la adecuación de espacios, la instalación de software actualizado y la formación de docentes y estudiantes, con el objetivo de garantizar un uso sostenible de los equipos y evitar su obsolescencia.
La compañía subraya que los equipos se entregan exclusivamente a escuelas, centros comunitarios o sanitarios, siempre para uso colectivo, y con acompañamiento técnico y educativo. Un modelo que prioriza la continuidad y convierte a la empresa en un socio tecnológico a largo plazo para las comunidades locales.
Las cifras globales siguen mostrando que la brecha digital frena el desarrollo. Pero también evidencian que, cuando existen alianzas entre instituciones públicas, organizaciones locales y actores tecnológicos privados, es posible generar un impacto real. Para i3e, ese impacto no se mide en grandes gestos, sino en cambios concretos que abren nuevas oportunidades vitales. “No podemos cambiar el mundo entero”, lamenta García, pero concluye: “lo que sí que podemos hacer es aportar ese pequeño granito de arena que puede cambiar una vida”.
Tu opinión enriquece este artículo: