Europa está afrontando una nueva etapa de ampliación y transformación de sus grandes infraestructuras aeroportuarias. Tras la recuperación del tráfico aéreo y con unas prognosis de crecimiento sostenido de la demanda, numerosas ciudades europeas han activado planes para ampliar y modernizar sus aeropuertos con el objetivo de adaptarse a las necesidades de los flujos de pasajeros, mayores exigencias operativas y una experiencia de viaje cada vez más compleja.
En España, Aena prevé una inversión cercana a los 13.000 millones de euros para reforzar y ampliar la infraestructura de su red aeroportuaria. A nivel europeo, según datos de ACI World, la inversión en infraestructuras aeroportuarias alcanzará los 427.000 millones de dólares entre 2021 y 2040, cerca del 18 % del total mundial. Este contexto refleja un reto compartido por el sector: aumentar capacidad sin comprometer la eficiencia operativa, la calidad del servicio ni la integración con el entorno urbano.
Partiendo de esta situación, Arup, firma global de desarrollo sostenible, identifica los cinco grandes desafíos a los que se enfrenta Europa para ampliar y desarrollar aeropuertos:
- Homogeneizar procesos y tecnología para mejorar la eficiencia operativa
Uno de los principales retos actuales es la falta de uniformidad en los procesos de control y en los sistemas tecnológicos implantados entre países y terminales. La entrada en vigor del sistema europeo Entry/Exit System (EES), el impacto operativo del Brexit o la implantación desigual de filtros automatizados y escáneres corporales están incrementando la complejidad de los controles de seguridad y pasaportes.
Como consecuencia, muchos viajeros llegan con mayor antelación, aumentando el tiempo de permanencia dentro de las terminales y generando presión sobre espacios que, en muchos casos, no fueron concebidos para absorber estos nuevos flujos de pasajeros.
Esta situación resulta especialmente visible en destinos con elevado tráfico procedente de Reino Unido, como los aeropuertos del Levante y Andalucía, donde los controles fronterizos en llegadas y salidas están tensionando la capacidad operativa existente.
2. Incrementar la actividad comercial sin deteriorar la experiencia del pasajero
El aumento del tiempo de estancia en terminal abre nuevas oportunidades para reforzar la actividad comercial mediante áreas de restauración, retail y servicios. Sin embargo, integrar estos espacios en instalaciones diseñadas originalmente para priorizar el tránsito rápido de pasajeros supone un desafío creciente. En muchos casos, las terminales carecen de la flexibilidad espacial necesaria para incorporar nuevas zonas comerciales sin interferir en recorridos, áreas de espera o procesos operativos. Esta presión también afecta al lado tierra, especialmente en instalaciones con una fuerte componente intermodal, donde convergen distintos sistemas de transporte y grandes volúmenes de usuarios.
3. Diseñar infraestructuras más inclusivas y centradas en el usuario
El crecimiento del tráfico aéreo no solo implica un mayor volumen de pasajeros, sino también una mayor diversidad de perfiles y necesidades. Viajan más familias, personas mayores y pasajeros con movilidad reducida o necesidades especiales, lo que obliga a replantear el diseño de las terminales desde una perspectiva más inclusiva y accesible.
Las ampliaciones suelen implicar recorridos más largos y complejos, por lo que el diseño debe centrarse cada vez más en facilitar la orientación, reducir la fricción en los desplazamientos y mejorar el confort durante la estancia. Esto implica reforzar zonas de descanso, mejorar la legibilidad de los espacios y desarrollar entornos capaces de responder a distintos ritmos y formas de viajar.
4. Integrar la intermodalidad y reorganizar los accesos
Las grandes infraestructuras aeroportuarias están evolucionando hacia nodos multimodales conectados con distintos sistemas de transporte: alta velocidad, tren convencional, metro, autobús, vehículo privado, taxi o servicios de movilidad compartida. Esta transformación obliga a repensar completamente el lado tierra de las instalaciones, desde los accesos hasta las conexiones internas y los nuevos espacios de intercambio modal.
A nivel europeo, existe además una recomendación para que los aeropuertos con más de 20 millones de pasajeros anuales dispongan de conexión ferroviaria de alta velocidad, reforzando la necesidad de integrar la planificación aeroportuaria con la movilidad urbana, metropolitana y regional.
5. Convertir el aeropuerto en una puerta de entrada urbana y experiencial
Más allá de su función operativa, los aeropuertos están evolucionando hacia espacios de referencia arquitectónica, cultural y comercial. El objetivo ya no es únicamente mover pasajeros, sino generar entornos que mejoren la experiencia de viaje y proyecten una primera imagen positiva de la ciudad o del país.
Ejemplos como Schiphol, Changi, Incheon, Doha o Bilbao muestran cómo el diseño, la calidad espacial y la oferta complementaria pueden transformar estas infraestructuras en espacios de estancia y experiencia. En este contexto, la arquitectura y el diseño interior adquieren un papel estratégico para crear terminales más atractivas, funcionales y conectadas con la identidad urbana de su entorno.
“Los aeropuertos europeos están afrontando un cambio de escala. El crecimiento del tráfico, la mayor complejidad operativa y la evolución del perfil del pasajero obligan a replantear estas infraestructuras desde una visión más flexible, escalable y centrada en el usuario. La respuesta ya no pasa únicamente por ampliar capacidad, sino por diseñar espacios capaces de adaptarse a nuevas necesidades y operar de forma más eficiente, integrada y sostenible, Las decisiones que tomemos hoy definirán la experiencia de millones de pasajeros en el futuro.”, señala Patricia Fernández, Associate Director y Aviation Leader de Arup en España.
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