Desde Gesinter señalan que este tipo de movimientos encaja dentro del comportamiento habitual de los ciclos bursátiles alcistas, que históricamente avanzan mediante fases alternas de corrección y recuperación.
Según datos históricos del mercado estadounidense, desde la Segunda Guerra Mundial se han registrado doce grandes mercados alcistas en Estados Unidos, con una duración media aproximada de 67 meses. El actual ciclo comenzó en octubre de 2022, tras las caídas registradas ese año, y acumula alrededor de 40 meses de duración.
Para Kai Torrella, consejero delegado de Gesinter, estos datos ayudan a contextualizar los episodios recientes de volatilidad. “Si observamos los grandes mercados alcistas desde la Segunda Guerra Mundial, su duración media ronda los 67 meses. El ciclo actual comenzó en octubre de 2022 y todavía podría tener recorrido si se mantiene la pauta histórica.”
El análisis histórico también muestra que los mercados alcistas rara vez avanzan de forma lineal. Los periodos de crecimiento suelen ir acompañados de correcciones puntuales que introducen volatilidad en el corto plazo, pero que no necesariamente alteran la tendencia estructural del ciclo. “Los mercados alcistas no avanzan de forma lineal. Se construyen a base de avances y correcciones, y esos episodios de volatilidad forman parte normal del ciclo.”, explica Torrella.
Uno de los factores que tradicionalmente introduce mayor volatilidad en los mercados estadounidenses es el calendario político. El llamado año mid-term, correspondiente al segundo año del ciclo presidencial en Estados Unidos, ha sido históricamente el periodo en el que se registran correcciones más intensas en las bolsas.
Según datos recogidos por distintos estudios de mercado, las caídas medias en el año intermedio del ciclo presidencial superan el 17 %, frente a descensos cercanos al 12 % en los otros tres años del ciclo electoral. Este patrón histórico explica por qué los mercados pueden experimentar fases de incertidumbre más acusadas durante ese periodo.
Sin embargo, la experiencia histórica también indica que, tras esos ajustes, los mercados suelen anticipar escenarios políticos más estables y registrar recuperaciones en los meses posteriores.
En los últimos meses, por ejemplo, el sector del software ha experimentado correcciones superiores al 25 % en algunos momentos del año, en un entorno marcado por la rápida irrupción de la inteligencia artificial y por la rotación de capital hacia empresas directamente vinculadas a este desarrollo tecnológico. “Las correcciones pueden generar oportunidades cuando afectan a sectores con fundamentos sólidos. En muchos casos son momentos para analizar dónde posicionarse dentro de la tendencia principal.”, señala el consejero delegado de Gesinter.
El contexto actual también se caracteriza por una mayor dispersión en el comportamiento de los mercados. A diferencia de etapas anteriores dominadas por una elevada liquidez y estímulos monetarios masivos, el comportamiento de las bolsas muestra ahora diferencias más acusadas entre sectores y compañías.
Este entorno refuerza el papel de la gestión activa, que permite identificar oportunidades específicas dentro de un mercado más selectivo. “El comportamiento actual del mercado es más irregular y con mayor dispersión entre sectores y compañías. En este contexto, la gestión activa puede resultar especialmente relevante.”, afirma Torrella.
Pese a la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y los cambios en la política monetaria global, el sentimiento predominante entre los inversores sigue siendo de cautela más que de euforia. Históricamente, este tipo de escenarios no ha impedido el avance de los mercados, que a menudo continúan desarrollando su tendencia alcista en entornos de dudas.
Para Gesinter, el rebote registrado en la jornada de hoy debe interpretarse dentro de esa lógica de mercado. “La volatilidad forma parte del funcionamiento normal de los mercados. El inversor que mantiene una visión de largo plazo suele entender que estas fases son el precio que se paga por participar en la rentabilidad de los activos financieros.”, concluye Torrella.
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