Tres falsos mitos sobre neuroeducación (1: no usamos sólo 10% del cerebro)

(Por Ana Belén Pardo Salamanca, Universidad Internacional de Valencia) El funcionamiento del cerebro despierta tanto interés entre la comunidad científica que se han producido avances indiscutibles en neurociencia en las dos últimas décadas. Numerosos investigadores de todo el mundo han profundizado en el análisis de cómo el cerebro realiza sus conexiones y cuál es el funcionamiento de sus neuronas.

Sin embargo, las malas interpretaciones y distorsiones de algunos estudios sobre neurociencia han generado algunos mitos en su aplicación al aprendizaje, la neuroeducación.

A pesar de haberse demostrado que estos mitos no son ciertos, se mantienen muy arraigados; algunos de ellos con implicaciones muy importantes, que afectan directamente y de forma negativa a la educación.

Por este motivo, nos proponemos analizar algunos que están estrechamente relacionados con el mundo educativo y que pueden condicionar la forma de enseñar y aprender:

1. ¿Son útiles los modelos de aprendizaje?

En el ámbito educativo son muy conocidos y aceptados los modelos de aprendizaje, clasificándolos en visual, auditivo y cenestésico. ¿Quién no ha oído alguna vez “este niño es más auditivo”, o expresiones como “este alumno solo aprende si es de forma visual”?

Según estos modelos, cada uno de nosotros tenemos una “modalidad de aprendizaje preferida” y, si los contenidos son transmitidos bajo esta modalidad, se conseguirá un aprendizaje más significativo que si son transmitidos por cualquiera de las otras dos.

Este enfoque surge a partir de la aceptación de que la información visual, auditiva y cenestésica es procesada en partes diferentes del cerebro.

Sin embargo, las modalidades sensoriales se encuentran interconectadas, para poder llevar a cabo un buen procesamiento de la información que recibimos a través de nuestros sentidos, y así vincularla a nuestras experiencias y a emociones del pasado.

Categorizar a los alumnos por estilos de aprendizaje, sin tener en cuenta los conocimientos sobre plasticidad cerebral, que demuestran que nuestro cerebro es cambiante y maleable, puede influir de manera negativa en el aprendizaje y limitar el concepto académico que tienen sobre sí mismos.

Analizando algunos estudios sobre la incidencia de los estilos de aprendizaje (visual, auditivo o cenestésico) en el rendimiento académico, se puede afirmar que esta creencia no está sustentada científicamente.

Debido al gran número de conexiones neuronales que hay entre las diferentes partes del cerebro, cualquier contenido curricular se aprenderá mejor si se lleva a cabo a través de una enseñanza que combine las tres modalidades sensoriales. En resumen, son las modalidades sensoriales que integremos en el aprendizaje las que van a determinar el aprendizaje significativo de los conocimientos.

2. Solo utilizamos el 10 % de nuestro cerebro

Este mito se originó ya en el siglo XIX, cuando se desconocía cómo funcionaba la mayor parte de las células del cerebro. Posteriormente, fue atribuido a Albert Einstein, pero su veracidad no ha podido ser contrastada porque no se ha encontrado registro de dicha afirmación. Con toda seguridad lo hemos oído alguna vez, pero ¿nos hemos ocupado de contrastarlo?

El mito se afianzó con algunas investigaciones posteriores de las que se dedujo que, en un instante determinado, solo el 10 % de las neuronas estaban activas en nuestro cerebro.

Otra posible explicación podría estar relacionada con el hecho de que las neuronas representen alrededor del 10 % de las células del cerebro, siendo el resto células gliales. El hecho de que estas últimas no transmitan impulsos eléctricos y que su función fuera por entonces desconocida pudo llevar a la falsa conclusión de que solo las neuronas llevan a cabo una actividad cerebral.

En la actualidad, se ha demostrado que todas las áreas del cerebro se ponen en funcionamiento en algún momento, si bien no todas de forma simultánea. Además, se puede afirmar que las células gliales llevan a cabo funciones esenciales, como por ejemplo la limpieza celular y la comunicación e integración de las redes neurales, que son imprescindibles para el buen funcionamiento cerebral.

¿Es necesario que todas estas redes estén activas todo el tiempo? La respuesta es no. Cada actividad mental pone en funcionamiento las redes neurales y las áreas del cerebro necesarias para su realización.

3. Es recomendable guiar el aprendizaje según el hemisferio predominante

Desde un punto de vista fisiológico no existe la separación entre hemisferio izquierdo y el derecho. La transferencia de información entre ambos es continua a través del cuerpo calloso.

Basándonos en los últimos estudios, los hemisferios del cerebro no trabajan de manera separada en las tareas que implican un esfuerzo cognitivo. Ambos trabajan de forma conjunta ya que el cerebro es un sistema altamente integrado.

Algunas tareas como el reconocimiento facial o el lenguaje se realizan de modo predominante en el hemisferio izquierdo, pero es imprescindible que ambos hemisferios trabajen de forma simultánea para lograr un adecuado procesamiento de la información.

Neuroeducación sin mitos

El hecho de poder desmontar estos mitos abre infinitas posibilidades en el aprendizaje:

  1. Conocer el funcionamiento del cerebro y cómo realiza sus conexiones nos permitirá utilizar estrategias de aprendizaje que mejoren funciones cerebrales, como la memoria de trabajo, la toma de decisiones, o la gestión emocional, con el fin de optimizar el aprendizaje.

  2. Introducir metodologías innovadoras que favorezcan el aprendizaje significativo.

  3. Definir estrategias de aprendizaje que presten atención a la multitud de factores que intervienen en el aprendizaje (cognitivos, psicológicos, culturales y emocionales).

  4. Hacer propuestas de aprendizaje que integren los dos hemisferios y sus funciones para conseguir una mayor eficiencia cerebral.

Saber que el cerebro es un sistema unitario, interconectado y que se utiliza en su totalidad, hace que las opciones para el aprendizaje se multipliquen. Esta realidad debe llevarnos a explorar nuevas vías y a experimentar con nuevas formas de enseñar y aprender: una nueva enseñanza es posible.

Ana Belén Pardo Salamanca, Coordinadora y docente Máster Necesidades educativas especiales, Universidad Internacional de Valencia

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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