¿Qué le ocurre al Partido Popular? (Díaz Ayuso y el efecto bumeran)

(Por Jesús Palomar i Baget, Universitat de BarcelonaLa transición política en España basó su éxito en la existencia de un bipartidismo imperfecto o, lo que es lo mismo, dos grandes partidos políticos que concentraban la inmensa mayoría del electorado: en las primeras elecciones de 1977, la UCD y el PSOE concentraron casi el 64 % del voto y una participación minoritaria de partidos nacionalistas y regionalistas y el Partido Comunista (posteriormente, Izquierda Unida).

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Este bipartidismo imperfecto se mantuvo hasta las elecciones generales de 2015, con la irrupción de dos partidos: Ciudadanos y Podemos, que conjuntamente obtuvieron el 31 %, poniendo fin a un bipartidismo en el sistema político español que se había mantenido durante casi 40 años de alternancia política entre PSOE y PP (sucesora de UCD). Ello se acentuó con la entrada en escena de Vox, en 2019, de modo que el bipartidismo “clásico” pasaba del 64 % inicial a no llegar el 50 % del electorado y Ciudadanos, Podemos y Vox obtenían conjuntamente el 34 % del voto.

La irrupción de tres partidos de ámbito estatal no solo ha supuesto el fin del bipartidismo institucional, sino que además ha supuesto un cambio en el funcionamiento habitual de los partidos del “bipartidismo de siempre”, o sea, PSOE y PP.

El primero en acusar estas consecuencias fue el PSOE en 2014, cuando se planteó el debate en el liderazgo entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, un debate que agitó las bases del partido con unas tensiones muy fuertes que provocaron divisiones importantes y que, en ciertos momentos, casi pusieron en riesgo la unidad del partido.

Cabe recordar que en ese periodo uno de los debates centrales en el PSOE era su posición en relación a su vínculo con el PSC, que siempre ha mantenido su independencia como partido pero un lazo estrecho, hasta tal punto que se planteó la creación de un PSOE en Cataluña diferente al PSC, hecho que finalmente no se produjo. Más recientemente, en 2021, este debate en el PSOE ha sido más tranquilo, cerrando filas con el liderazgo de Pedro Sánchez.

Crisis por el liderazgo

En segundo lugar, el debate por la sucesión tuvo lugar en el Partido Popular. La primera crisis por el liderazgo se produjo ante la pérdida de las elecciones generales en 2019. Ello implicó un importante reto para las filas populares en el que Casado ganó, pero no convenció. Prueba de eso es que casi ninguna de las apuestas personales de Casado le ha salido bien en términos electorales y, en cambio, hay dos elementos relevantes en el Partido Popular que no le son excesivamente favorecedores.

Por un lado el liderazgo pasivo y moderado de Nuñez Feijoó en Galicia y el liderazgo activo y revolucionario de Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, que se ha convertido en un activo contra la política de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno y un contrapunto a las posiciones más extremas de Vox. Una posición que Pablo Casado no ha sabido conseguir desde su escaño como líder de la oposición del Congreso de los Diputados y como presidente del Partido Popular.

Un tercer elemento es la política de las redes sociales o la política de “nos importa poco lo que decimos”. Sería una versión de la política que se situaría entre las fake news: la falta de principios o ética sobre qué se dice y cómo se dice o incluso la falta de respeto institucional hacia autoridades políticas, incluso entre los políticos mismos.

¿Es el caso Ayuso un ejercicio de transparencia?

Y en esta simbiosis de diferentes elementos aparece la investigación promovida por el propio Partido Popular contra Díaz Ayuso, anunciada a los cuatro vientos, que parece tener una vocación más de poner en entredicho a la presidenta de la Comunidad de Madrid que de ser un ejercicio de transparencia del partido. Y sin que nadie en el Partido Popular considere que ello pueda comportar la posibilidad de romper el PP. Ante esa cuestión se puede plantear la pregunta: ¿tiene cabida un nuevo partido político en España liderado por Díaz Ayuso que se sitúe entre PP y Vox?

No existe una respuesta mágica que se simplifique con un sí o un no: ¿sería capaz Díaz Ayuso de arrastrar buena parte del electorado y afiliación del PP de Madrid o se quedaría en un proyecto como el de Iñigo Errejón con Más Madrid?, ¿tendría capacidad Díaz Ayuso de arrastrar hacia su proyecto a otros barones territoriales del PP?, ¿tendría capacidad Díaz Ayuso de arrastrar hacia su proyecto a los desafectos de Ciudadanos?

Cabe tener en cuenta que existen riesgos muy importantes en esto de inventarse un partido y además ganar las elecciones. En el entorno más próximo solo lo ha conseguido Emmanuel Macron, creando un partido para alejarse de un Partido Socialista de Francia absolutamente en crisis.

Pero la pregunta más relevante es: ¿Díaz Ayuso quiere crear un nuevo partido o liderar el Partido Popular? Seguramente esta última es la opción que Isabel Díaz Ayuso más desea, y aunque parece que ahora lo pueda tener todo en contra porque el propio PP ha llevado a cabo una investigación interna por presunta corrupción (que parece que al final no perciben tan grave como podría parecer).

Seguramente Ayuso como presidenta del PP es la percepción interna en su partido, incluso en el ámbito ciudadano, teniendo en cuenta que la presidenta de la Comunidad de Madrid tiene una mejor capacidad de relacionarse con los medios de comunicación y con las redes sociales que Pablo Casado y el propio Partido Popular. Es más que probable que algo que en un principio se ejecutó para perjudicar la imagen de la presidenta de la Comunidad de Madrid acabe favoreciendo la imagen de Díaz Ayuso, apareciendo como víctima de un complot interno para desprestigiarla.

Las respuestas, en el congreso del PP

En unos meses, el Partido Popular se enfrenta a un Congreso en el que probablemente se van a poder observar diversas opciones y va a ser entonces cuando algunas de estas preguntas, y algunas más, obtengan respuestas.

Por el momento, lo único que parece claro es que en el ámbito ciudadano, más allá del partido al que se vote, la inmensa mayoría de españoles se ha percatado de que lo ocurrido no es solo una cuestión de ética y corrupción, sino de liderazgos y poder político: un flaco favor a la democracia.

Jesús Palomar i Baget, Profesor de Ciencia Política, Universitat de Barcelona

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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