La bomba de neutrones: verdades inspiradas en hechos reales

(Por Ernesto Beibe) A finales del año 1970, la prensa se enteró de que Estados Unidos desarrolló una bomba de neutrones que permitiría dejar intacta las estructuras físicas del territorio bajo ataque. Quienes desaparecerían del mapa, serían los seres humanos y los animales presentes en la superficie donde cayeran esas bombas de uso táctico, derivados de la bomba atómica de Hiroshima.

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“Estas bombas sólo matan gente”, decían las noticias. Realmente con el devenir de los tiempos y con muchos frentes de lucha abiertos, jamás se supo donde las activaron.

En el año 2020, estalló la bomba neutrónica llamada COVID-19, esta vez sin prensa previa ni lugares específicos, sino que atacó a un mundo entero, sin respetar fronteras entre las naciones.

Si uno se entera de cuáles fueron las consecuencias en las personas, y aún en sus descendientes durante los años posteriores en Japón, aún sin hacer futurología, uno puede presuponerlo.

Desde el punto de vista físico y psíquico la bomba silenciosa llamada COVID-19, ha dejado, no miles sino millones de personas contusas, heridas y muertas. Y aún de mayor penetración en los cuerpos y mayor perduración en el inconsciente colectivo, que en Nagasaki e Hiroshima.

Decía Bertold Brecht en una parte de cierta metáfora: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde”.

Parafraseando a Bertold Brecht, todo el mundo pensó: “Cuando infectaron por generaciones a los japoneses guardé silencio, porque yo no era japonés, Ahora me infectaron a mí, pero ya es tarde”.

Entendamos que no hablo de enfermedades congénitas o por accidentes.

El cuerpo humano es sumamente inteligente, a veces habla de cosas que el cerebro no logra captar, y expresar en el lenguaje diario, pero recibe noticias a través del “Lenguaje de los Órganos”.

Por lo general todas las enfermedades tienen un mismo origen. Un cuerpo extraño busca instalarse en algún órgano. Existe lugar donde suenan todas las alarmas: entonces se activa “El Sistema de Defensa”.

En milisegundos sale a capturar cualquier elemento que no pertenezca al cuerpo. Si no logra su cometido avisa a través de su propio lenguaje: “los síntomas”.

El cerebro recibe en milisegundos las alarmas, reacciona avisando a la persona dueña de ese cuerpo, que algo no funciona. La persona recibirá el primer aviso en forma de un síntoma.

Es ahí donde acude al médico, que sabrá cómo aconsejarle. Con respecto al COVID-19 los síntomas están pegados a la enfermedad.

La alarma suena cuando el virus ya está instalado en el cuerpo humano. Es ahí donde acudir al médico ya es tarde, se trata de un salvataje, no de una curación.

Los médicos y los trabajadores de la salud no tienen ninguna información real. Porque el virus, nuestra actual “Bomba Neutrónica” ha caído de manera impiadosa sobre ellos también.

En Barcelona, Agosto de 2021
Ernesto Beibe, Mentor
Lic. Celina Tuturman, Mentora

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