Precisión, técnica, producto y sabor definen la propuesta de José Páramo, que eleva el arroz a domicilio a otro nivel
En un momento en el que la gastronomía redefine sus espacios y formatos, 120 Gramos se ha consolidado como uno de los proyectos más influyentes del delivery gourmet en Madrid. Lo que comenzó como una iniciativa impulsada por la intuición y la pasión de José Páramo se ha transformado en una marca que hoy marca tendencia en la forma de consumir arroces de alta calidad sin salir de casa.
A sus 29 años, Páramo representa una nueva generación de emprendedores gastronómicos que entienden el producto, pero también el contexto. "Nos dimos cuenta de que la gente quería comer bien en casa, pero sin renunciar a la experiencia. Ahí es donde vimos la oportunidad: hacer del arroz un plato que viajara perfecto", explica.
El concepto de 120 Gramos nace de una idea aparentemente sencilla —la cantidad exacta de arroz en crudo por ración— pero que encierra toda una filosofía basada en la precisión. Cada detalle está medido: tiempos, proporciones, procesos. "El nombre lo resume todo. Queríamos que fuera algo honesto, directo, que hablara del producto. Pero también de cómo trabajamos: aquí todo está controlado", señala José Páramo.
Ese control se traslada especialmente a uno de los mayores retos del sector: conseguir que un arroz llegue en su punto óptimo al domicilio. En 120 Gramos, la clave está en entender el tiempo como parte de la receta. "El arroz no termina en cocina, termina en casa del cliente. Ajustamos la cocción para que el reposo durante el trayecto juegue a nuestro favor. Es lo que hace que llegue perfecto", explica.
Lejos de quedarse en la anécdota técnica, ese sistema se ha convertido en uno de los pilares de su éxito. A ello se suma una selección cuidada de materia prima y una evolución constante de las recetas, en un entorno que el propio equipo define como un laboratorio gastronómico. "Estamos siempre probando, afinando, mejorando. No dejamos de evolucionar porque creemos que ahí está la diferencia", afirma.
En pocos años, la compañía ha pasado de una cocina doméstica a una estructura profesional con varias naves y un equipo joven que comparte una misma obsesión: la calidad y la puntualidad. "Si alguien pide un arroz a una hora concreta, tiene que llegar a esa hora. Para nosotros eso es tan importante como el sabor", apunta Páramo.
Actualmente, la marca produce miles de raciones semanales y continúa ampliando su capacidad operativa, consolidando un modelo escalable que combina eficiencia, estandarización y creatividad culinaria.
En este sentido, la carta, que combina recetas tradicionales con propuestas más contemporáneas, refleja ese equilibrio entre respeto por el producto e innovación. Desde el arroz a banda, uno de los más demandados por su intensidad, hasta elaboraciones como el arroz de rabo de toro o la fideuá, que se han convertido en uno de los sellos de la casa por su profundidad y carácter.
Más allá del producto, 120 Gramos ha sabido conectar con un consumidor que valora la comodidad, pero también exige calidad. En ese cruce, la marca ha encontrado su espacio natural. "El delivery ya no es solo rapidez, es experiencia. Nosotros queremos que abrir uno de nuestros arroces en casa sea algo especial", explica su fundador.
Con una demanda en crecimiento constante y una operativa cada vez más sofisticada, 120 Gramos mira al futuro con ambición, pero sin perder el foco. "Antes de pensar en otras cosas, queremos ser los mejores en lo nuestro. Creemos que todavía hay mucho recorrido en el arroz", concluye Páramo.
En un sector cada vez más competitivo, 120 Gramos no solo ha sabido encontrar su lugar, sino redefinir una nueva categoría: la alta cocina pensada para el hogar. Su éxito se apoya en una receta clara: precisión, técnica, producto y sabor, junto a una visión firme del futuro de la gastronomía.

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