El mito de que las parejas felices no son infieles: " Una aventura extraconyugal no equivale a una relación deteriorada"

Eva Moreno, explica por qué una aventura extraconyugal no siempre es síntoma de una relación deteriorada y cómo el deseo, la búsqueda de una identidad propia y la necesidad de novedad pueden influir en estas experiencias

¿Es necesario que una pareja atraviese una crisis para que uno de sus miembros tenga una relación extramatrimonial? ¿Puede alguien sentirse feliz con su pareja y, al mismo tiempo, experimentar deseo por otra persona? Aunque tradicionalmente la infidelidad se ha interpretado como una señal de que algo no funciona en la relación, la realidad de los vínculos humanos es mucho más compleja.

Los datos de Gleeden – la plataforma líder en encuentros extramatrimoniales, pensada por y para mujeres, con más de 15 millones de usuari@s en todo el mundo y 1,2 millones en España – son reveladores: un 55% de sus usuari@s se encuentra en una situación de pareja estable y considera que su relación es feliz y que, de hecho, mantener relaciones paralelas le ayuda a conservar su relación de pareja.

En cuanto a la población española, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en 2008 ya existía un 21% de personas que consideraba que una pareja puede funcionar bien y ser feliz, aunque uno de sus miembros mantenga una aventura extraconyugal. En 2023 volvió a abordar el tema y concluyó que el 41,4 % de españoles está de acuerdo o muy de acuerdo con que los miembros de una pareja pueden acordar mantener relaciones sexuales con otras personas sin establecer un vínculo sentimental.

Como queda claro, la infidelidad no siempre es el termómetro de una relación: siempre habla más de lo que le pasa a la persona infiel que de lo que ocurre en la relación en la que se encuentra esa persona.

“La insatisfacción, la soledad dentro de la pareja o una sexualidad que ha perdido intensidad pueden favorecer una aventura, pero no explican – ni mucho menos – todos los casos, ya que en un elevado número de éstos se debe más a una crisis personal del/la infiel.”, afirma Sílvia Rúbies, responsable de comunicación de Gleeden en España.

“A veces buscamos una explicación sencilla para una conducta compleja. Si alguien ha sido infiel, tendemos a pensar que ya no quería a su pareja o que la relación estaba mal. Pero en muchos casos lo que hay es una búsqueda de novedad, de reconocimiento, de emoción o de una parte de uno mismo que siente que ha perdido con los años”, explica Eva Moreno, sexóloga de Gleeden.

La diferencia entre amor y deseo

En las relaciones de larga duración, el amor y el deseo pueden evolucionar de maneras diferentes: la convivencia, las responsabilidades, el trabajo, la crianza y la rutina tienden a consolidar la seguridad y la intimidad, pero también modifican la forma en que cada persona se percibe a sí misma.

En ese contexto, una aventura puede representar algo más que una experiencia sexual, ya que puede proporcionar una sensación de vitalidad, novedad o libertad, o permitir que alguien vuelva a sentirse deseado, admirado o conectado con una faceta de su identidad que creía olvidada.

«Amor y deseo no son exactamente lo mismo. Puedes querer profundamente a una persona, admirarla y sentirte bien a su lado, y experimentar al mismo tiempo atracción por alguien más. El amor suele encontrar seguridad en la estabilidad, mientras que el deseo se alimenta más de la novedad y la sorpresa. En ocasiones, lo que una persona busca fuera de su relación no es necesariamente sustituir a su pareja, sino recuperar una sensación de sí misma que echa de menos», concluye la sexóloga de Gleeden.

Tu opinión enriquece este artículo:

Éste sitio web usa cookies, si permanece aquí acepta su uso. Puede leer más sobre el uso de cookies en nuestra política de cookies.