Córdoba es, por derecho propio, la capital mundial de la filosofía antigua. En el canal de Loquis, la Puerta de Almodóvar sirve de escenario para hablar de Séneca. Pasear junto a la muralla escuchando sobre el estoicismo y cómo aquel cordobés terminó siendo consejero de un tipo tan peligroso como Nerón es una experiencia casi mística. Te hace pensar en la virtud y el tiempo, valores que hoy nos faltan tanto. Pero no todo es mármol romano. En la Calle Judíos, la figura de Maimónides nos recuerda que la sabiduría no entiende de fronteras. Su estatua parece cobrar vida cuando el podcast te cuenta su exilio y su compasión. Y para cerrar el círculo de la razón, junto a la Muralla de Cairuán, aparece Averroes, el hombre que se empeñó en que la fe y la razón podían tomarse un café juntas, aunque le costara el destierro.
Córdoba también se mancha las manos de óleo y sangre. El episodio sobre Julio Romero de Torres es una delicia. Visitar su casa-taller (hoy museo) mientras escuchas cómo inventó esa mirada de la mujer andaluza, entre lo sagrado y lo profano, te cambia la forma de ver La chiquita piconera. Y del pincel, al capote. En el barrio de Santa Marina, el eco de Manolete sigue vivo.
Para los que buscan algo más contemporáneo, el Bulevar Gran Capitán nos trae la voz de Antonio Gala. El escritor que eligió Córdoba como su musa eterna. Escuchar fragmentos de su amor por la ciudad mientras caminas por la Fundación que creó para jóvenes artistas es el cierre perfecto para entender que el talento en esta ciudad no es algo del pasado, sino algo que sigue brotando.
¿Por qué darle al "play"?
Porque Córdoba ha sabido mantener ese equilibrio imposible entre ser un museo al aire libre y una ciudad que late. Este podcast en Loquis es un homenaje a los que pensaron, a las que escribieron y a los que, como Abd al-Rahmán III en su imponente Medina Azahara, soñaron con ciudades que duraran mil años.
Si vas a venir a Córdoba, o si ya estás aquí sentado en una terraza de la Ribera, ni lo dudes: ponte los cascos y deja que estos personajes te lleven de la mano. Al final, las ciudades no son solo edificios; son la gente que las soñó antes que nosotros.
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