Cómo facilitar la reincorporación al trabajo de los pacientes con cáncer

(Por Juan Jesús Ruiz Martín) Un diagnóstico de cáncer establece un continuum de necesidades en la asimilación y acomodación a una nueva y compleja realidad para la persona. Si definimos esta situación como un trauma, y este, como la suma de un suceso desagradable en la vida de la persona y la interpretación negativa del mismo. Todo esto puede llegar a generar una ruptura en su estabilidad psico-emocional, provocada por un evento; emocionalmente activador y desagradable, además de estresante. Para ello es necesario crear un espacio protegido de transición desde el que la persona pueda contemplar, y verbalizar, lo que le está ocurriendo, sus consecuencias y cómo reorganizar su vida.

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Nos centraremos aquí en la respuesta corporal, la ansiedad y manejo del estrés, producido por la vuelta al entorno laboral.

La ansiedad sería la respuesta física a un estado emocional. Por lo tanto, identificar, nombrar y elaborar adecuadamente las emociones en la persona será una tarea primordial. Algunos de estos estados emocionales, típicos, serían los del miedo, la ira, la tristeza o desesperanza. Incluso el pánico. Facilitaremos el que puedan identificar y expresar dichas emociones, además de que pueda entender el significado, y su función adaptativa, sabiendo elaborar una explicación alternativa y normalizadora que le devuelva un nuevo sentido a la persona. 

Por otro lado, nos encontramos con una respuesta al entorno, a los elementos estresantes, que pueden ser lugares, personas, obligaciones, etc. Esta respuesta, a nivel psicológico y corporal se lleva a cabo por un sistema llamado eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal (HHS), que es el encargado de llenar el cuerpo de hormonas, como el cortisol, para dar una respuesta adaptativa, a un estímulo estresante.

El estrés es un inhibidor de la ansiedad, entre otras funciones. La ansiedad necesita de una respuesta externa. Si el estrés tiene éxito, todo el organismo se regula. Si no tiene éxito, o se sobre utiliza, empezamos a generar unas condiciones desfavorables para la salud. Un ejemplo sería; la reincorporación al trabajo, después de la recuperación de un tratamiento oncológico, nos genera una serie de emociones; miedo, tristeza, vergüenza, ira…y estas emociones nos genera ansiedad, que la experimentamos a nivel corporal, fundamentalmente (taquicardia, hipervigilancia, problemas para concentrarme, etc.). El estrés, pronto entrará en acción, intentando localizar, externamente, estímulos estresantes, como puede ser el encuentro con los compañeros de trabajo y sus miradas de pena, o la sensación de que no podrá estar a la altura de las exigencias laborales. El estrés tendría éxito si la persona logra resolver este tipo de situaciones; creyendo y trabajando que podrá hacerlo, detectando y sabiendo resolver los obstáculos, interiorizando y visualizando que conseguirá solventar dichos estímulos estresantes, sabiendo buscar apoyos en sí misma, en los demás y no queriendo ir más rápido de lo que realmente puede ir.

Ambos sistemas; el nervioso, con su respuesta ansiosa a los estados emocionales, y el eje HHS para dar respuesta a estímulos estresantes, deben ser resueltos satisfactoriamente, y tener capacidad de prever su regulación en el futuro, para que la persona pueda estar en condiciones saludables de reincorporarse al entorno laboral. Como hemos indicado, será un trabajo “persona a persona”, ya que las diferencias individuales hacen de cada uno/a de nosotros/as seres únicos, con necesidades específicas.

Algunas pautas, generales, que podemos sugerir en estos casos, serían;

1. Garantizar una respuesta sana, a nivel psicológico, de los equipos sanitarios que atienden a los pacientes oncológicos.

2. Trabajo con las familias y el entorno social de la persona, para procesar la nueva realidad tras el diagnóstico siendo fuentes claves de transición saludable a la normalización de su vida.

3. Iniciar un proceso de psicoterapia, para trabajar la salud mental de la persona.

4. Responsabilizarnos a nivel social.

5. A nivel laboral, que es lo que nos trata, es fundamental entender que podemos ayudarles a que la reincorporación al trabajo sea una mejora de la salud mental y del entorno donde trabajan. Siendo, éste, más “humanizante”, dándole valor a las personas, no tratándolas estrictamente, como “recursos” humanos, en este caso. Sino como una persona productiva. Mejorando la percepción de sí mismo, de los demás y del futuro, no sólo en la persona diagnosticada con cáncer, sino en el entorno laboral.

Y, ¿por qué no? su experiencia vital sea una fuente de cohesión y crecimiento vital para todos/as.

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