Esta es la principal conclusión del II Estudio de Bienestar Digital, impulsado por ING junto a la Unión Española de Creadores, la Universidad Europea y la Universidad Politécnica de Valencia.
Sabemos reaccionar ante el fraude, pero nos cuesta controlar nuestros hábitos
El estudio muestra que los participantes saben protegerse mejor frente a amenazas concretas que gestionar sus hábitos digitales. Sobre una puntuación máxima de 100, obtienen 90,7 puntos en prevención de riesgos y 83,9 en ciberseguridad. Sin embargo, la puntuación baja hasta 64,9 en hábitos de uso y hasta 68,9 en huella digital y bienestar.
Ante riesgos evidentes, la respuesta es mayoritariamente adecuada: el 94,5% evitaría operar desde una wifi pública y el 78% colgaría una llamada sospechosa de un supuesto representante del banco. Sin embargo, algunos comportamientos cotidianos siguen aumentando la exposición al riesgo porque el 43,8% reutiliza contraseñas y el 35% acepta permisos de aplicaciones sin revisarlos.
Las mayores dificultades aparecen en la gestión diaria de la tecnología. El 63,6% reconoce que pasa más tiempo del deseado en redes sociales, el 62,5% consulta el móvil al acostarse, el 56,2% admite un tiempo de pantalla superior al que le gustaría y el 50,1% utiliza el teléfono de forma automática mientras espera.
Existe, además, una distancia entre la percepción y el comportamiento. Aunque el 84,9% considera que controla su relación con la tecnología, entre estas mismas personas el 58,7% mira el móvil en la cama y el 50,6% no controla su tiempo de pantalla.
Los hábitos de uso, el principal reto entre los jóvenes
En las situaciones analizadas por el estudio, las personas de entre 20 y 29 años declaran comportamientos de ciberseguridad similares a los del grupo de 50 a 59 años. Sin embargo, obtienen peores resultados en hábitos de uso, especialmente por el consumo intensivo de contenidos, las interrupciones y el uso automático del móvil.
El acompañamiento a los menores también aparece como una de las principales áreas de mejora. El 50,7% de las respuestas indica que los menores de su entorno acceden a la tecnología sin reglas claras o que su uso se gestiona principalmente mediante prohibiciones.
Los resultados apuntan a la necesidad de avanzar hacia una educación digital que combine reglas claras con explicación, acompañamiento y una autonomía progresiva.
De los datos a la acción
A partir de estas conclusiones, ING continúa impulsando su proyecto de Bienestar Digital, centrado en tres ámbitos: la seguridad, los hábitos de uso y la salud mental.
La campaña ha comenzado con Expertos al rescate, una serie de contenidos en la que diferentes especialistas analizan situaciones relacionadas con el fraude, el consumo automático de contenidos y el impacto de las redes sociales.
El estudio y el proyecto se han presentado en Madrid durante un encuentro con especialistas y creadores de contenido. María Aperador, Alicia González, Cristinini, Perxitaa y Javier Santaolalla han compartido experiencias y recomendaciones para avanzar hacia una relación más equilibrada, consciente y segura con la tecnología.
El siguiente paso será el Día del Detox Digital, que ING celebrará el 10 de octubre para invitar a la sociedad a hacer una pausa y recuperar el control de su tiempo y su atención. La iniciativa no propone abandonar la tecnología, sino aprender a utilizarla de manera más consciente. Tras el detox, ING difundirá una serie de recomendaciones prácticas, Hacks, desarrollados con especialistas en ciberseguridad y salud mental. Incluirán pautas para reducir el scroll automático, gestionar las notificaciones, proteger las cuentas, crear contraseñas seguras e identificar posibles comunicaciones fraudulentas.
Para sus clientes, ING incorpora además una recomendación específica: reenviar a Buzón SMS los mensajes sospechosos recibidos en nombre del banco para comprobar si son legítimos. Esta medida se suma a otras soluciones de protección, como Quién me llama, SOS Fraude, las alertas ante transferencias sospechosas y los mensajes verificados mediante tecnología RCS.
El estudio está basado en 365 autoevaluaciones realizadas entre el 24 de junio y el 21 de julio de 2026, y analiza 27 comportamientos relacionados con los hábitos de uso, la ciberseguridad, la protección de datos, la prevención de riesgos y la huella digital.
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