El calor extremo ha dejado de ser únicamente un problema ambiental o sanitario para convertirse en un factor que condiciona la actividad económica de las ciudades. El aumento de las temperaturas está elevando los costes de operación de edificios e infraestructuras, incrementando la demanda energética y afectando a la productividad, con un impacto directo en algunos de los sectores sobre los que se sostiene la economía urbana.
Esta evolución se enmarca en una tendencia cada vez más evidente. Según los últimos datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), España ha registrado el doble de olas de calor entre 2001 y 2025 que, en los 25 años anteriores, con episodios cada vez más prolongados. Partiendo de esta situación, Arup, firma global de desarrollo sostenible, ha identificado cuatro sectores estratégicos en los que el calor extremo ya está generando un impacto directo sobre la economía urbana:
- Edificios y sector inmobiliario
La mayor necesidad de refrigeración eleva el consumo energético y los costes de operación de viviendas, oficinas, hospitales, centros educativos y edificios públicos. Este escenario afecta especialmente a los edificios antiguos o poco eficientes y refuerza la necesidad de adaptar un parque construido diseñado, en muchos casos, para condiciones climáticas distintas a las actuales, con el objetivo de mejorar el confort, la seguridad y la habitabilidad para personas de todas las edades.
- Infraestructuras de transporte
Los sistemas de transporte público son un pilar de la actividad económica urbana, pero están cada vez más expuestos al aumento de las temperaturas. El calor extremo puede provocar deformaciones en vías ferroviarias, deterioro del asfalto y de pistas aeroportuarias, así como fallos en equipos y tecnologías clave, incrementando las necesidades de inspección y mantenimiento.
- Redes energéticas
Para operadores y propietarios de infraestructuras energéticas, el aumento de las temperaturas supone un desafío para redes y activos expuestos. Los riesgos asociados al calor pueden manifestarse en forma de mayor demanda eléctrica e incremento del riesgo de interrupciones de suministro por sobrecarga de la red, impactos directos sobre la infraestructura, daños en redes o un incremento del riesgo de incendios forestales, lo que exige reforzar la capacidad de respuesta y la resiliencia del sistema.
- Sector industrial y tecnológico
En un sector en pleno crecimiento, el calor siempre ha sido un factor determinante para el correcto funcionamiento de procesos y sistemas, como en los casos de centros de datos, en los que el aumento de las temperaturas introduce nuevas limitaciones operativas que deben planificarse y mitigarse. Para este sector en concreto, el incremento de las necesidades de refrigeración asociado al uso de GPU para inteligencia artificial obliga a optimizar el diseño, la ubicación y evaluar el impacto térmico de la operación en su entorno.
Cómo reducir el impacto económico del calor
Ante este escenario, el riesgo térmico comienza a incorporarse como una variable relevante en la planificación urbana y en la gestión de activos. Analizar cómo afecta el calor a edificios, infraestructuras de transporte, redes energéticas, centros de datos y espacios de trabajo permite identificar vulnerabilidades, anticipar necesidades de mantenimiento y orientar las inversiones hacia las actuaciones con mayor impacto.
En el caso de los edificios, las medidas incluyen mejoras en la envolvente, soluciones pasivas de refrigeración, materiales con mayor reflectancia, inclusión de elementos de sombra exterior cuando sea factible, o sistemas de climatización más eficientes. En infraestructuras de transporte y redes energéticas, la planificación puede ayudar a detectar puntos críticos, reforzar el mantenimiento preventivo y adaptar los sistemas a episodios de mayor demanda o estrés térmico. En centros de datos, el foco se sitúa en la eficiencia de la refrigeración, la reducción del consumo energético y de agua, la continuidad operativa y el control del impacto sobre su entorno.
La utilización de herramientas de modelización climática y análisis de datos de diseño permite evaluar el comportamiento térmico de diferentes zonas urbanas y priorizar actuaciones en función del nivel de exposición y vulnerabilidad. Estas herramientas pueden complementarse con soluciones como el incremento de la infraestructura verde, la creación de espacios de sombra, la mejora de la permeabilidad del suelo o la incorporación de materiales que reduzcan la acumulación de calor.
“Las olas de calor ya no son episodios excepcionales ni afectan únicamente al confort urbano. Su impacto se extiende a edificios, infraestructuras, redes energéticas y servicios esenciales, con consecuencias directas sobre la calidad de vida, los costes operativos y la continuidad de la actividad económica. Incorporar el riesgo térmico a la planificación permite anticipar esos impactos y preparar mejor las ciudades para un escenario de temperaturas cada vez más exigente”, señala Susana Saiz, directora de Servicios de Clima y Sostenibilidad de Arup en Europa.
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