La nueva realidad del coche compartido: así es como BlaBlaCar afronta su gran reto

(Por Juan Pedro de Frutos) La distancia social ha supuesto uno de los mayores obstáculos para la economía colaborativa. Mientras que Airbnb ha podido adaptarse en cierta manera, otros servicios, como el coche compartido, no han tenido tanta suerte. Este es el ejemplo de BlaBlaCar y cómo con una rápida reacción se ha sobrepuesto a lo que pudo suponer su cierre: la Covid-19.

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Compartir coche con desconocidos es algo que en tiempos de coronavirus da mucho respeto: al igual que cuando se realiza un trayecto en transporte público, el riesgo de contraer la enfermedad está presente. Claro que las probabilidades se reducen cuando se pasa de 50 pasajeros a contar con un máximo de 3 acompañantes: el caso de BlaBlaCar.

La firma de economía colaborativa había alcanzado los 6 millones de usuarios en 2020 en España, con un crecimiento del 18% en el primer trimestre respecto a 2019. A nivel mundial, suma 90 millones de usuarios. En cuanto al mismo periodo en 2021, el servicio solo ha supuesto un 25% respecto a 2020; pero hay que tener en cuenta los cierres perimetrales en trayectos que se caracterizan por recorrer una media de 300 kilómetros.

Itziar García, directora de comunicación y relaciones institucionales de BlaBlaCar España y Portugal, señala al respecto que “no ha sido un buen año para muchos sectores y la movilidad ha sido, por motivos obvios, uno de los más perjudicados”.

Y es que el confinamiento supuso que la actividad “prácticamente se detuviera en los 22 países en los que estamos presentes”; pero BlaBlaCar pudo “evitar el cierre gracias a una buena situación financiera”, agrega Itziar García.  

La capacidad de la economía colaborativa para reinventarse siendo útil
Aunque si algo nos ha enseñado la crisis es que abre una gran posibilidad de oportunidades para seguir prestando un servicio útil. Esto es lo que hizo BlaBlaCar al crear en tiempo récord la aplicación BlaBlaHelp, una manera de poner en contacto a vecinos con voluntarios que pudieran ayudarles en tareas cotidianas como realizar la compras o ir a la farmacia, entre otros ejemplos.

Si bien, no se trata de la única alternativa en la que pensó la firma, pues el pasado verano lanzó en Francia BlaBlaRide. Según Itziar García, “se trata de un modelo de patinetes que continúa operando únicamente en algunas ciudades de nuestro país vecino, donde también está presente BlaBlaLines”.

Esta última línea de negocio se basa en un modelo de coche compartido para cortas distancias y acceso a las ciudades. Un servicio que sigue la línea de la vocación de BlaBlaCar, que “sigue siendo conseguir una movilidad más eficiente y sostenible, así que seguimos avanzando dentro de la multimodalidad y lo seguiremos haciendo en los próximos años”, indica la directora de comunicación y relaciones institucionales de BlaBlaCar España y Portugal.

Retos que la Administración debe llevar a cabo para que la economía colaborativa pueda sobrevivir a esta pandemia
A diferencia de Francia, por ejemplo, España no cuenta con un modelo concesional, por lo que los viajes en autobús que propone la compañía con BlaBlaCar bus  –que presenta un precio mucho más atractivo- solo pueden realizarse con destino en el extranjero. Pero este no es el punto más acuciante, ya que los viajes en vehículos particulares se han mantenido por encima de los colectivos.

Itziar García sentencia que “hay una oportunidad única en la Ley de Movilidad que prepara el Gobierno actualmente”, que podría mirarse en su homóloga francesa aprobada en 2019, en la que “se incluyen carriles de alta ocupación, subvenciones directas, campañas, y otras alternativas”.

“La economía colaborativa, al promover un uso mucho más eficiente de los recursos, es una gran oportunidad para avanzar hacia la sostenibilidad. Un reto inaplazable.”, concluye la directora de comunicación y relaciones institucionales de BlaBlaCar España y Portugal.

Experiencia de los usuarios
Muchos de los usuarios de BlaBlaCar que utilizan la aplicación para viajar, debidamente justificado, coinciden en que la oferta de viajes se ha reducido bastante. Eso sí, algunos han optado por viajar solo con conocidos y familiares, otros, por necesidad y razones de trabajo han usado el servicio como antes de la pandemia.

Si bien, hay escasas quejas sobre las medidas de seguridad, siendo las más habituales la cancelación del viaje por parte de algunos conductores y el comportamiento de parte de estos y de algunos compañeros.

Desde una rigidez en las paradas y en la radio que se escucha –o la propia limpieza del interior del vehículo-, hasta la actitud de ciertos acompañantes, que no tienen reparos en dejar huella en la tapicería. Es por ello que, por el momento, la mayor reticencia a usar el servicio se debe a la propia pandemia, tanto por una movilidad cercenada como por la situación sanitaria actual.

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