1. Del consumo eficiente a la resiliencia hídrica urbana
Durante años, la gestión del agua se ha centrado principalmente en reducir consumos y mejorar la eficiencia. Sin embargo, en 2026 el foco se desplaza hacia la resiliencia hídrica, entendida como la capacidad de ciudades y activos inmobiliarios para anticipar, absorber, mitigar, adaptarse y recuperarse de episodios de escasez y fenómenos climáticos extremos. Cada vez más ciudades europeas están integrando el agua como eje estratégico en sus planes de desarrollo urbano, combinando sostenibilidad, innovación y participación ciudadana.
Este enfoque implica tratar el agua como un recurso clave dentro de las políticas públicas y de inversión, más allá de su función de suministro. La planificación urbana integrada conecta infraestructuras físicas —como redes renovadas o sistemas de drenaje natural— con una gobernanza más eficiente, la digitalización y enfoques colaborativos que involucran tanto a las administraciones como al sector privado, situando el agua como un eje estratégico de la toma de decisiones urbanas y de inversión.
2. El agua entra en la ecuación del valor del activo
Por otro lado, la gestión del agua se consolida como un factor determinante de competitividad para ciudades y activos inmobiliarios. El agua deja de entenderse únicamente desde una perspectiva técnica para incorporarse a la toma de decisiones económicas, influyendo de forma directa en la viabilidad, el valor y la resiliencia de los proyectos.
La disponibilidad del recurso y la capacidad de gestionarlo de manera eficiente y resiliente comienzan a pesar cada vez más en los análisis de inversores, aseguradoras y entidades financieras, que ya incorporan el riesgo hídrico como variable clave. En este contexto, los activos que no cuentan con una estrategia clara y medible de gestión del agua se enfrentan a mayores dificultades de financiación y asegurabilidad.
Por el contrario, los edificios y desarrollos urbanos que acreditan un uso eficiente, circular y resiliente del agua estarán mejor posicionados frente a futuras exigencias regulatorias y de mercado, reforzando su atractivo para inversores y su valor a medio y largo plazo.
3. Digitalización del ciclo urbano del agua y análisis de datos en tiempo real
La gestión del agua entra en una nueva fase marcada por la digitalización y el uso intensivo de datos. El despliegue de sensores inteligentes, plataformas de monitorización y sistemas avanzados de análisis de datos permite disponer de una visión en tiempo real del comportamiento hídrico, tanto en redes urbanas como en edificios.
En el ámbito inmobiliario, la integración de datos históricos en gemelos digitales y sistemas de gestión de edificios está impulsando el paso de modelos reactivos a enfoques predictivos. Esta capacidad no solo mejora la eficiencia operativa y reduce costes, sino que contribuye a prolongar la vida útil de los activos y a mejorar su desempeño ambiental. En un contexto de mayores exigencias regulatorias y de criterios ESG más estrictos, la digitalización del ciclo del agua se convierte también en una herramienta clave para medir, reportar y demostrar el impacto real de las estrategias de sostenibilidad.
4. Infraestructura azul y verde para combatir los eventos climáticos
Las infraestructuras verdes y el diseño urbano sensible al agua adquieren un papel protagonista como respuesta al aumento de episodios de calor y lluvias extremas y a la creciente impermeabilización de las ciudades. Soluciones como cubiertas y fachadas vegetales, pavimentos permeables, parques inundables o jardines de lluvia permiten gestionar el agua de forma más natural, reduciendo la presión sobre las redes tradicionales de drenaje.
Para el sector inmobiliario, la integración de estos enfoques desde las fases iniciales de diseño se consolida como una palanca clave para mejorar el desempeño ambiental de los activos y su resiliencia a largo plazo. Además de optimizar la gestión del agua de lluvia, estas soluciones aportan beneficios adicionales como la reducción del efecto isla de calor, la mejora de la biodiversidad urbana y el bienestar de las personas.
Según Arup, estas cuatro tendencias reflejan un cambio de paradigma: el agua pasa a ocupar un lugar central en las estrategias urbanas, inmobiliarias y de inversión. “El agua ha dejado de ser una variable operativa para convertirse en un factor estratégico que condiciona la resiliencia de las ciudades, el valor de los activos y la calidad de vida de las personas. Las ciudades y los activos que no integren el agua como infraestructura tendrán más dificultades para adaptarse a los retos climáticos, regulatorios y económicos de los próximos años”, concluye Almudena Barona, Associate Director y Water Business Leader en Arup.