“Estamos viendo cómo el valor del activo ya no se limita únicamente al uso residencial, sino que incorpora servicios, experiencia de usuario y capacidad de adaptación. El mercado living avanza hacia productos más complejos y gestionados”, fundamenta Carlos Bajo, Managing Director de Laborde Marcet.
La transformación del mercado residencial en Barcelona continúa acelerándose en un contexto marcado por la falta de oferta, el encarecimiento del alquiler y la aparición de nuevos perfiles de demanda. En este escenario, la consultora inmobiliaria Laborde Marcet constata la consolidación del flex living como uno de los segmentos con mayor dinamismo dentro del denominado living sector.
Según el análisis de la firma, el desarrollo de este tipo de producto responde tanto a cambios estructurales en la demanda, con perfiles cada vez más móviles e internacionales, como a un entorno regulatorio cada vez más exigente en el ámbito residencial tradicional.
“Estamos viendo cómo el valor del activo ya no se limita únicamente al uso residencial, sino que incorpora servicios, experiencia de usuario y capacidad de adaptación. El mercado living está evolucionando hacia productos más complejos y gestionados”, señala Carlos Bajo, Managing Director de Laborde Marcet.
El encaje urbanístico define el modelo
Uno de los principales retos identificados por la consultora es el encaje normativo del flex living, un segmento que no cuenta con una definición jurídica única y que puede estructurarse bajo diferentes regímenes: residencial, temporal o incluso hotelero.
En este sentido, Laborde Marcet detecta un creciente interés por el desarrollo de proyectos sobre activos de uso terciario o bajo licencia hotelera, especialmente en ubicaciones donde el desarrollo residencial presenta mayores limitaciones normativas.
“En determinados proyectos, la licencia hotelera o el uso terciario permiten una mayor flexibilidad operativa y reducen la incertidumbre regulatoria. No obstante, no son la única vía para el desarrollo de flex living, que también puede estructurarse bajo modelos residenciales o de alquiler temporal”, matiza Bajo.
Esta afirmación resulta coherente con el marco normativo actual: en Barcelona, las estancias de corta duración (menos de 31 días) se consideran uso turístico y requieren licencia específica, mientras que los modelos de media estancia pueden operar bajo el régimen de alquiler temporal si cumplen los requisitos legales.
Hibridación de usos y profesionalización del activo
Más allá del encaje legal, el mercado evoluciona hacia fórmulas cada vez más híbridas, combinando distintos usos dentro de un mismo activo. Entre las tipologías más habituales, destacan los proyectos que integran unidades de flex living con alquiler tradicional, activos que incorporan componentes de serviced apartments y edificios con espacios comunes, coworking y servicios asociados
Esta hibridación, explican desde la consultora, responde a una demanda creciente de soluciones habitacionales que combinen flexibilidad, comunidad y servicios, alejándose del modelo de vivienda puramente pasiva.
Interés inversor en un entorno regulatorio complejo
El segmento también está despertando un fuerte interés por parte de inversores institucionales, family offices y plataformas especializadas, que buscan alternativas al residencial tradicional en un contexto de alta presión regulatoria.
“El flex living presenta fundamentales atractivos: alta ocupación, demanda sostenida y posibilidad de gestión activa del activo. Sin embargo, el éxito del proyecto depende en gran medida del correcto encaje jurídico y urbanístico”, explica Bajo.
No obstante, la evolución del segmento estará condicionada por la capacidad del sector para adaptarse a un marco regulatorio cambiante y cada vez más exigente. “Todo apunta a que el flex living seguirá creciendo en Barcelona, pero lo hará desde la especialización, la profesionalización y una mayor sofisticación de producto”, concluye Bajo.