En un momento en que la humanidad afronta grandes retos, la ciudad se convierte en el lugar de encuentro en el que estos desafíos se ponen a prueba cada día y donde, al mismo tiempo, tenemos alguna oportunidad de resolverlos. La muestra quiere ser un canto optimista a favor de las ciudades, sin eludir los retos. Es una propuesta para descubrir la ciudad por primera vez o para redescubrirla de nuevo por parte de los barceloneses y las barcelonesas. Con el mismo espíritu que el resto de la programación de la Capital Mundial de la Arquitectura, hace un llamamiento a detenerse y volver a mirar, a descubrir y revelar cosas que nos pasan desapercibidas y a romper tópicos y prejuicios sobre la ciudad y la vida urbana.
La muestra es un encargo realizado desde la Gerencia de la Arquitecta en Jefe a un grupo de cuatro comisarios, que ya son toda una declaración de intenciones: Andreu Domingo (demógrafo), Eulàlia Gómez (arquitecta urbanista), Francesc Muñoz (geógrafo) y Pau de Solà-Morales (arquitecto), que trabajan en tándem en el diseño museográfico con Domestic Data Streamers (DDS). El equipo curatorial, por tanto, está formado por cuatro académicos y doctores con los conocimientos y la experiencia necesarios para dotar de contenido y rigor a los conceptos sobre los que gira el proyecto, y cuenta con DDS para darle una forma atractiva y comprensible.
La exposición invita a preguntarse qué es hoy una ciudad, tomando Barcelona como prototipo, mediante los conceptos de diversidad, intensidad y complejidad. A partir de un enfoque que combina investigación, datos y participación, la muestra propone descubrir cómo la ciudad no es una imagen fija, sino una realidad en movimiento, de la que formamos parte y que modificamos con nuestra participación diaria.
Los tres conceptos no han sido elegidos al azar, sino que sirven para poner de manifiesto las dos dimensiones que conviven en la ciudad —las personas y la escenografía construida— y la relación que se produce entre ambas, haciendo de la ciudad un sistema abierto y vivo.
La muestra recibe a los visitantes con una instalación interactiva analógica, en la que podrán responder a preguntas como qué sienten cuando caminan por Barcelona o cuánto se sienten parte de la ciudad, tirando de unos hilos. El resultado: una telaraña que pondrá de manifiesto que hay tantas Barcelonas como miradas y que se irá recogiendo a lo largo de los meses de exposición.
A continuación, la propuesta se estructura siguiendo los tres grandes ejes —diversidad, intensidad y complejidad— que permiten leer Barcelona desde distintas capas y entender las dinámicas que configuran la ciudad contemporánea. La diversidad nos permite descubrir quién habita la ciudad; la intensidad, entender cómo solo en entornos compartidos se dan condiciones de proximidad, mezcla y asequibilidad; y la complejidad nos sirve para leer las relaciones que surgen en una Barcelona viva, que aprende y se transforma.
Barcelona diversa
El primer eje pone el foco en las personas y pone de manifiesto cómo la diversidad es una de las características estructurales de la ciudad. Sin diversidad la ciudad moriría; es inherente a su propia existencia. Una pieza en forma de pirámide con cintas métricas nos ayuda a ver cómo ha evolucionado la población a lo largo del tiempo. Barcelona se ha configurado históricamente a partir de la llegada constante de personas de todas partes y hoy esta realidad sigue definiendo su presente: más del 33 % de los 1,7 millones de habitantes de Barcelona han nacido fuera del Estado español y en sus calles conviven más de 180 nacionalidades y cerca de 300 idiomas.
Este eje explora también cómo los movimientos de población han sido un motor fundamental en la evolución de la ciudad. Pero también pone de manifiesto que la diversidad urbana va mucho más allá del origen geográfico de sus habitantes. Factores como el género, la edad, el nivel educativo, la diversidad funcional o la orientación sexual forman parte de una realidad plural que configura la vida cotidiana de la ciudad. Estas variables dibujan una Barcelona abierta y en constante transformación, donde la diversidad se convierte en un elemento esencial para entender la vitalidad social, cultural y urbana.
El espacio de la diversidad también incorpora una mirada sobre los flujos cotidianos que atraviesan la ciudad. Cada día más de 2,6 millones de personas se desplazan por Barcelona; entre residentes, trabajadores y visitantes, son el latido de la ciudad. La pieza Cartografía del movimiento muestra, a través de cuatro zapatos en movimiento constante, el flujo real de personas en espacios como la estación de Sants, la plaza de Catalunya, la plaza de las Glòries y el Campus Nord de la Universitat Politècnica de Catalunya.
Barcelona intensa
El segundo eje se centra en la intensidad urbana, una de las cualidades que definen el funcionamiento cotidiano de Barcelona. En una superficie de solo 101,9 km², la ciudad concentra una gran cantidad de vida, servicios y actividades que configuran un entorno urbano especialmente accesible y dinámico.
Esta intensidad puede medirse a partir de diferentes factores, como la cantidad de superficie construida acumulada en el espacio edificado, la mezcla de usos —vivienda, comercio, equipamientos y actividad económica— y la compacidad urbana. Cuando estos factores se combinan, se genera una ciudad que favorece las soluciones colectivas y hace posible que una gran variedad de servicios esté al alcance de la ciudadanía.
La muestra pone de manifiesto que esta intensidad no es homogénea, sino que se distribuye en paisajes urbanos muy distintos que se conectan y se complementan. Desde tejidos compactos como el Eixample o Gràcia hasta urbanizaciones de baja densidad como Vallvidrera o Valldoreix, pasando por barrios de bloques aislados como Montbau o Bellvitge, cada modelo urbano genera formas distintas de habitar la ciudad y de acceder a los recursos colectivos.
Una escultura central con ladrillos compara estos tres tipos de tejidos de una misma dimensión, pero de distintas intensidades, que encontramos en la ciudad. En un momento marcado por la crisis de la vivienda y la emergencia climática, la manera en que se distribuye la intensidad en la ciudad se convierte en una cuestión clave para imaginar posibles soluciones.
En otra pieza interactiva, los visitantes utilizarán una lupa sobre un mapa, donde podrán descubrir cuál es el coste invisible de construir y mantener el espacio público del que disfrutamos como ciudadanía. De este modo, la muestra también nos invita a reflexionar sobre el futuro de los modelos urbanos en los que la relación entre la cantidad de personas y de servicios también forma parte de la asequibilidad de la ciudad.
Barcelona compleja
La exposición finaliza con un tercer eje que explora la complejidad urbana, entendiendo la ciudad no solo como un conjunto de edificios, calles y personas, sino sobre todo como una trama de relaciones en constante evolución. La ciudad se muestra como un sistema complejo vivo y supera el imaginario erróneo que la compara con una máquina.
Cinco pantallas intentan reflejar los flujos y relaciones cotidianas que se producen en la ciudad. Desde esta perspectiva, la ciudad puede entenderse como una red de redes, donde cada elemento —desde un barrio hasta una persona— forma parte de un sistema interconectado. Y es que nuestras maneras de movernos, convivir y consumir influyen en la forma de la ciudad y también nos convierten en corresponsables de su futuro.
La muestra propone observar Barcelona como un sistema complejo vivo, capaz de reaccionar ante los cambios y los impactos externos. Frente a estos estímulos, la ciudad se reorganiza, absorbe las tensiones y evoluciona hacia nuevos equilibrios. En esta capacidad de adaptación —de aprender, transformarse y generar orden a partir del desorden— reside una de las principales fortalezas de la vida urbana.