En palabras de Manuel Domínguez, director general de ASPAPEL: “Los productos de papel y cartón son esenciales, sostenibles y estratégicos. Esenciales, porque están detrás de la logística, la higiene o la alimentación; sostenibles, porque nacen de un recurso renovable y se reciclan una y otra vez; y estratégicos, porque la mayoría de los sectores dependen de ellos”.
Para saber qué cambiaría en la práctica, ASPAPEL, la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón, ha analizado este escenario.
Cinco ámbitos en los que notaríamos de inmediato la ausencia del papel y el cartón
- Nuestra vida cotidiana
La mayoría de las cosas que compramos, en una tienda o por internet, han viajado en una caja de cartón. Sin ella, no habría forma de transportar, proteger y entregar mercancías. Los pedidos online se quedarían en el almacén, los supermercados no podrían reponer sus estanterías y los comercios no recibirían género.
La falta de papel higiénico y de toallas de papel dejaría sin productos básicos de higiene a centros sanitarios, comercios y hogares. No se podría pagar en efectivo con billetes. Tampoco habría tickets de compra, ni para devolver un producto ni para justificar un gasto. Y no se podría firmar un contrato de alquiler, formalizar la compra de una vivienda ni gestionar facturas y justificantes, porque el papel sigue siendo un soporte habitual en muchas gestiones. Por su parte, las aulas tendrían dificultades para seguir las clases sin libros ni cuadernos.
También hay papel en sitios donde pasa inadvertido para la mayoría. Son los llamados papeles especiales, que a menudo están en materiales de construcción o decoran nuestros muebles. Además, los encontramos en gestos del día a día, como el papel de fumar, las bolsitas de té o los filtros de café.
- Un efecto dominó en buena parte de la actividad económica
El impacto no se limitaría a las fábricas de papel. Se extendería a una amplia red de actividades que usan estos materiales para producir, envasar, distribuir o vender. La paralización alcanzaría a toda la industria que depende de los envases de cartón, entre otras, la alimentaria los usa para proteger y transportar sus productos, la farmacéutica los necesita en prospectos, estuches y etiquetas, y la logística y la distribución los emplean para almacenar y enviar sus mercancías. También afectaría a todo el sector sanitario, que depende de los papeles tisú, y al editorial y de la comunicación gráfica, que depende del papel para producir libros, periódicos y revistas.
- El empleo de toda la cadena de valor
Sin papel ni cartón, perderíamos el empleo que generan en nuestro país. La industria papelera da trabajo a 17.581 personas de forma directa y a otras 88.000 de forma indirecta. Muchas de sus fábricas están en entornos rurales o semiurbanos, donde son un motor económico de primer orden.
Además, la industria papelera es el origen de una cadena de valor que empieza en la gestión forestal sostenible, pasa por los fabricantes de toda la gama de productos papeleros y termina en la gestión de los residuos al final de su vida útil. Esta cadena emplea, de forma directa, indirecta e inducida, a cerca de medio millón de personas en España y genera un impacto equivalente al 4,3% del PIB.
- Los bosques: el papel como incentivo para cuidar los montes
La madera que se emplea como materia prima procede de plantaciones gestionadas de manera sostenible y certificadas, que ocupan el 4% de la superficie arbolada nacional. Aunque todavía circulen mitos y a algunos les suene contradictorio, la demanda de productos de papel y cartón funciona como un incentivo para mantener esas plantaciones cuidadas.
Ese incentivo cobra todo su sentido en un país con un grave problema de abandono forestal, donde la mejor forma de garantizar que se cuiden los montes es que tengan valor. Las plantaciones para papel, además de su función como sumideros de carbono, son un motor económico para la España rural.
- La economía circular: una industria que cierra su propio ciclo
El papel y el cartón son un caso ejemplar de economía circular, por partida doble. Nacen de una materia prima renovable y el círculo se cierra con el reciclaje masivo de lo que fabrica una vez usado.
En 2025 el sector recicló 5 millones de toneladas de papel y cartón y la tasa de reciclaje alcanzó el 81%, lo que sitúa a España como el tercer mayor reciclador de estos materiales en Europa. Un día sin papel ni cartón rompería ese circuito.
Materiales con mucho futuro
Algunas voces pronosticaron que la era digital acabaría con el papel, pero lejos de desaparecer, sigue muy presente en nuestra vida. Y esto ha sido posible gracias al esfuerzo en innovación de una industria que ha sabido reinventarse para ser más sostenible y buscar nuevas aplicaciones. Un buen ejemplo son las soluciones con barreras frente a la humedad y las grasas, que en los últimos años han ampliado los usos del papel y el cartón como alternativa a materiales de origen fósil, especialmente en el ámbito de los envases. Prescindir del papel y cartón supondría renunciar a su potencial en la bioeconomía y en la transición hacia modelos de consumo más sostenibles.
“Que el papel y el cartón nunca nos falten no es casualidad. Detrás hay una industria que se asegura de que así sea, apostando por materias primas renovables, reciclando lo que fabrica, creando empleo de calidad e invirtiendo en innovación para seguir avanzando. Merece que tomemos conciencia de todo lo que aporta a nuestra vida cotidiana, a nuestra economía y a nuestro futuro”, afirma Manuel Domínguez.