“Esta capitalidad es la oportunidad definitiva para acelerar la reducción de residuos en la compra diaria”, señalan personalidades del sector como Meritxell Hernández, CEO de Roll’eat, empresa catalana pionera en materia de sostenibilidad, aunque advierte que aún queda camino por recorrer.
La capital catalana refuerza su apuesta por un modelo urbano sostenible al ser nombrada Capital Europea del Comercio de Proximidad 2026, un reconocimiento que sitúa a la ciudad entre las grandes referentes europeas en innovación comercial y compromiso ambiental. El galardón, otorgado en Bruselas por la Comisión Europea en la categoría Ciudad Visionaria, premia el liderazgo de las ciudades de más de 250.000 habitantes que han sabido revitalizar su comercio urbano combinando tradición, digitalización, movilidad sostenible y cohesión social.
El reconocimiento llega tras años en los que Barcelona ha demostrado capacidad para situar al comercio de proximidad como eje económico, cultural y comunitario. En 2026, la ciudad desplegará un programa de más de cien actividades financiadas por la Unión Europea con el objetivo de reforzar el sector, impulsar el intercambio de buenas prácticas y consolidar un modelo de comercio alineado con los retos climáticos y de circularidad.
El residuo cero entra en la agenda del comercio europeo
La capitalidad abre una ventana estratégica para reforzar el papel de mercados y tiendas de barrio como actores clave en la transición hacia un consumo más responsable. En un contexto en el que Europa acelera hacia modelos de reducción de residuos, Barcelona tiene la oportunidad de demostrar que competitividad, sostenibilidad y vida de barrio pueden avanzar en la misma dirección.
En este escenario, Meritxell Hernández, CEO y fundadora de Roll’eat, empresa pionera en soluciones reutilizables para la compra diaria, celebra el reconocimiento como “un aval a un cambio de modelo que llevaba años gestándose”. “Barcelona llevaba tiempo marcando tendencia en el comercio urbano y en la modernización de los mercados. Este título confirma que la ciudad no solo está preparada, sino que puede liderar el comercio sostenible en Europa”, asegura la experta.
Sin embargo, para responder esta transición de la forma más ética, es importante incorporar medidas sostenibles. Según datos del sector, una sola persona puede evitar más de 600 productos de un solo uso al año si adopta alternativas reutilizables, una cifra que evidencia el potencial de transformación del comercio cotidiano y el impacto directo en la reducción de residuos urbanos.
Hernández, que pone sobre la mesa esta problemática, ha impulsado soluciones diseñadas específicamente para facilitar ese cambio, como Good’Buy, un pack que integra una bolsa de tela reutilizable, además de envoltorios para la compra a granel de productos frescos como carne, pescado o queso. “Si queremos que la capitalidad deje una huella real, debemos acelerar la reducción de envases de un solo uso. La ciudadanía exige opciones más sostenibles y los comercios necesitan herramientas que puedan integrar sin fricciones”, señala la experta.
Para Hernández, la clave está en aprovechar el impulso institucional para convertirlo en cambio estructural: “El comercio de proximidad forma parte de la identidad de Barcelona. Si conseguimos que también sea un motor de sostenibilidad, la ciudad no solo ejercerá de capital europea, sino de referente mundial en consumo responsable”.