Con la llegada del otoño y el cambio de horario, la reducción paulatina de las horas de sol no solo altera las rutinas diarias, sino que ejerce un impacto directo sobre la salud ocular. La combinación de graduación miópica con entornos de menor iluminación agrava la percepción visual y altera los mecanismos ópticos y neurológicos encargados de la sensibilidad al contraste, la nitidez y el enfoque real.
En este contexto, la exposición a la luz del sol se ha consolidado como un factor protector determinante frente a la progresión de la miopía. La evidencia científica subraya que el hábito de realizar actividades en espacios abiertos contrarresta la aparición de este defecto refractivo en etapas de crecimiento.
Por este motivo, el doctor Carles Barnés, director de OftalDex, del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus, recomienda que los niños realicen al menos una hora diaria de actividades al aire libre, priorizando los juegos fuera de casa y minimizando las actividades continuadas en el interior frente a pantallas, videojuegos o dispositivos electrónicos.
La efectividad de esta medida quedó demostrada en un ensayo clínico aleatorizado, publicado en la revista científica JAMA* (Journal of the American Medical Association). El estudio, liderado por el Dr. Mingguang He (Centro Oftalmológico Zhongshan de la Universidad Sun Yat-sen) sobre una muestra de 1.903 niños en 12 escuelas de Guangzhou, evaluó el impacto de incluir 40 minutos adicionales de actividad al aire libre al término de la jornada escolar.
Tras un seguimiento de tres años, los resultados mostraron una disminución de la tasa de incidencia de miopía del 39,5% al 30,4% en el grupo que recibió la intervención, lo que supuso una reducción del riesgo relativo de casi el 23% y un menor incremento en la graduación de los menores.
¿Por qué se deteriora la visión en la oscuridad?
La falta de iluminación ambiental acentúa los problemas de visión a través de diversos fenómenos oculares:
Dilatación pupilar y aberraciones ópticas: En ambientes oscuros, la pupila se dilata (midriasis) para captar más luz. Al agrandarse, la entrada de luz por los bordes periféricos de la córnea y el cristalino, se acentúan las imperfecciones naturales del ojo, incrementando la dispersión luminosa, reduciendo la profundidad de campo y agravando la sensación de visión borrosa lejana.
El fenómeno de la "miopía nocturna": En entornos con baja iluminación, el ojo reacciona de forma involuntaria adaptando el enfoque a distancias cortas. En personas que ya padecen miopía, esta respuesta de sobreenfoque involuntario empeora la nitidez a larga distancia.
Pérdida de sensibilidad al contraste: En la oscuridad, el sistema visual conmuta del uso de los conos (células sensibles al color y al detalle) al de los bastones (sensibles a la baja luminosidad, pero con menor resolución espacial), lo que dificulta la distinción de figuras oscuras sobre fondos nocturnos.
Entre los síntomas más habituales asociados a estas condiciones destacan el deslumbramiento ante fuentes de luz artificial, la percepción de halos o destellos alrededor de los faros y farolas, la fatiga visual al conducir de noche y una adaptación progresivamente más lenta a los cambios bruscos de iluminación.
Los expertos aconsejan acudir a un oftalmólogo al notar alguno de estos síntomas o cuando un/a niño/a tiene dificultades para ver la pizarra en el colegio, o entorna mucho los ojos para mirar de lejos o bien tiene enrojecimiento o dolor en los ojos.